Cartel de Semana Santa 2017

Cartel de Semana Santa 2017

martes, 10 de febrero de 2015

Esto se nos va de las manos

Moda Costalera
Por Antonio Burgos
 

Se está olvidando que El importante y La importante son Los que van encima del paso, no el capataz que lo manda, ni los costaleros.
 
 
De otra cosa no sé, pero de mamarrachadas está bien despachaíta la cosa últimamente. Parece que se hubiera levantado la veda de la mamarrachá, empezando por el cartel de la Semana Santa, que parece un nazareno haciéndose un selfi con su Cristo. En los días del Simof, ese Salón de la Moda Flamenca donde cada año se impone el clasicismo y magisterio de la exquisita Lina, en un pueblo de Huelva de cuyo nombre no me da la gana de acordarme se ha celebrado el SIMOCO: el Salón de la Moda Costalera. Con fines benéficos. O sea, «solidarios», como se dice ahora en tantas hermandades para disfrazar cobardonamente la virtud teologal de la Caridad. En ese pueblo de Huelva se ha celebrado un desfile…¡de moda de atuendos costaleros! 
Han circulado profusamente las fotos del esperpento, que les describo. En un local catetísimo, donde el público está sentado en unas horrendas sillas de plástico como de terraza de bar chungalé, han puesto una como pasarela y por ella desfilan unos chavales con… ¡los nuevos modelos de costales! Me imagino que de fondo tendrían puestas marchas procesionales, igual que cuando Los Luchinos pasan sus modelos suena lo de «Sevilla tiene un color especial». Los chavales disfrazados de costaleros desfilan por la pasarela: el uno con un costal de aquella manera; el otro con la ropa hecha con una tela a listas, monísima, un encanto, Maripili, una auténtica mariconada; y el que viene ahí, con un costal bordado a punto de cruz sobre arpillera… Y luego, por si fuera poco, sacan a la pasarela un como pasito de cruz de mayo. Pero no con la candidez de los niños, sino con una miniatura de Crucificado, y con un tío delante haciendo de capataz. Vestido de negro, pero no con el sobrio terno negro de los capataces viejos que impuso Fatiga, sino así como el portero del Groucho de la calle Sánchez Bedoya: con una corbata negra estrechita y una chaqueta con las solapas más estrechas todavía. ¿Es que los del SIMOCO también van a lanzar la moda de los ternos negros de capataces? Capaces y capataces son… 
¿Qué está pasando aquí para llegar a estas degradaciones? Pues pasa algo muy preocupante, en lo que mi admirado y querido Don Juan José Asenjo tendría que mandar arriar los cuatro zancos por parejo, como ha ordenado de un justo baculazo acabar con ese jugar a los pasitos al que los capillitones cobardones llaman «procesiones extraordinarias». Está pasando que estamos convirtiendo lo accidental en esencial, y lo secundario en principal. En el mundo cofradiero se está olvidando que El importante y La importante son Los que van encima del paso, no el capataz que lo manda; ni los costaleros que lo portan; ni el vanidoso hermano mayor; ni el liante candidato a serlo que está dividiendo a la cofradía en dos grupos irreconciliables; ni los siete mil músicos que van detrás, tocando «Atasco en Torneo». Lo del SIMOCO, el Salón de la Moda Costalera, ha sido en un pueblo, lo sé: pero los pueblos copian e imitan a Sevilla. Allí han llevado hasta sus últimas consecuencias un proceso de degradación y desnaturalización que se palpa en la capital. Paco Robles escribió su memorable libro «Tontos de capirote»; ahora podría hacer dos tomos más, «Tontos del costal» y «Tontos del martillo». Que son la parte y se están convirtiendo en el todo. La gente no mira a las imágenes: baja la vista al suelo, al faldón, a ver cómo echan el izquierdo por delante. Cuando los costaleros toda la vida de Dios estuvieron donde debían: debajo el paso, ocultos, anónimos, y no dando barzones por Sevilla con el costal puesto que les tapa los ojos, de exhibición de músculo de gimnasio y postureo. La vanidad está tan disparada en las cofradías que muchas han convertido la estación de penitencia en la fomentada fatuidad de una salida extraordinaria. Muchas cuadrillas son grupos de presión que con sus votos quitan y ponen a su antojo hermanos mayores. Y hay capataces que se creen estrellas de Hollywood. 
Mira que me gusta ver a un palio alejarse, andando y escupiendo bambalinas, como decía Rafael Franco… Pero contemplando las fotos del lamentable SIMOCO, ¡me han dado unas ganas de pedir que les pongan ruedas a los pasos, como antiguamente los del Corpus…!